El triunfo del Valencia C.F. es el triunfo de la humildad, de la normalidad, de la calidad, de las lágrimas y de la paciencia. De la variedad, del esfuerzo y de las ganas. Del fútbol, por más que algún erudito pretenda hacerlo muy suyo. Es un triunfo del deporte general y de las esperanzas de acabar con el hartazgo y la tiranía mediática y económica de los de siempre bien sea por un instante. Bien sea por una calurosa noche de mayo.
Es la explicación que la vida y la inteligencia lanzan al rostro de todos aquellos detractores del buen trabajo y del buen fútbol.
Es la respuesta destinada a los pitos, exigencias absurdas y desmelenes desvariados de cada partido, de la bilis y del bramar ante el escaso análisis y nula lógica tanto técnica como deportiva. Plasmados en toda queja e insulto gratuito hacia un entrenador como la copa de un pino y a una superestrella como no teníamos desde Don Rubén Baraja (capitán y leyenda absoluta del fútbol mundial para mi corazón) que no es otro que Don Daniel Parejo. A quien llevo defendiendo (aunque te resbale) año tras año desde su fichaje y ante su eterno maltrato por aficionados y malos entrenadores (llegando a jugar hasta de recogepelotas prácticamente como es bien sabido).
La calidad y las cifras -plenamente visibles con el empeño- más allá de las visceras que parece que sacamos todos en lo referente al fútbol, no mentían ni engañaban. Ahora, para todos aquellos populistas, TAMPOCO ENGAÑAN LOS RESULTADOS.
Para acabar, y no menos importante, quisiera lanzar un alegato final a todas esas personas «superiores» e «iluminadas» de la élite de la popularidad, de la era de la influencia, de la sublemación del «exitobérrimo» y por tanto de la inmensa y fálica estupidez.
De la falsa autoexigencia y del estrés pos traumático crónico. A esos individuos que enarbolan la bandera del «éxito» con la única meta de hundir las cosas pequeñas, los victorias y los pasitos que damos cada día, por lo que ellos llaman nuestro supuesto propio bien o por lo que estúpidamente entienden que debe ser la vida.
Quisiera pedirles, a todos esos, que se jodan bien jodidos. Que se jodan y se vuelvan a joder. A todos aquellos que van por la vida (adoctrinados y adormecidos por la nueva era y este fatídico siglo repugnante que nos toca vivir) diciendo que no CELEBREMOS las victorias, los títulos, las alegrías, los pequeños detalles, los polvos, los brindis o lo que nos salga de los cojones.
Esas personas nocivas y teledirigidas para los que solo sirve celebrar lo que ellos entienden como superior, que premian quejarse o llorar a celebrar y reír. Esas personas que te dicen que no te rías de un mal chiste, que no celebres un seis en un examen o que «eliminar al Betis no es para tanto» en base a la demagogia más repugnante y descalificación clasista a la vida misma.
Por todo eso, no podía dejar pasar la ocasión de mandarles un saludo a todos los borregos del ganado que pretenden saber lo que es mejor para nosotros y ahogan los verdaderos detalles que hacen grande la vida. Para todos esos y para todos los demás, los buenos y grandes de verdad…
AMUNT VALÉNCIA! AMUNT SEMPRE.
SOMOS CAMPEONES. SOMOS NOSOTROS Y SIEMPRE SOÑANDO.
«Soñar que no tenemos techo».
CELEBRADLO TODO, SIEMPRE. CELEBRAD QUE CELEBRÉIS. CELEBRAD QUE HABÉIS CELEBRADO Y CELEBRAD LA BUENA CELEBRACIÓN SOLO PARA VOLVER A COMENZAR DESPUÉS.
Celebrad una victoria a las canicas, encontrar un trabajo, una camiseta de rebajas o ser coronados reyes del universo. o la cerveza con los amigos, porque os pertenece, es vuestro. Porque habéis sido y sois. Porque un día más.
No solo porque nunca sobran las celebraciones o por la escasa duración de esta vida, sino porque celebrar en esta sociedad vil que premia quejarse y llorar y castiga con dureza celebrar y reír es el mayor acto de rebeldía que nos quedará siempre por hacer.
Hasta el fin de nuestros días.
