Se imaginan…?

De la victoria frente al F.C. Barcelona, la Cultural Leonesa, Los Cármenes y de la bochornosa presidencia que alberga la Avenida de Suecia. También de sueños.

Somos un club bestial. Infinito. Ganamos a un Barcelona en horas bajas sí, pero estando nosotros también en cierto descenso de juego y moral. Con ausencias absolutamente capitales y una inestabilidad cronificada establecida en las tribulaciones de los vendepitos de las altas esferas blanquinegras.

Ahora les pido que comiencen conmigo y no se detengan, a barruntar. A crear una dimensión paralela muy cercana a lo real. Les pido, en resumen, que imaginen. Háganme el favor.

¿Se imaginan de qué seríamos capaces con estabilidad y un servicio médico que no fuera de película de terror? ¿Y con sendos directores técnico-deportivos de calidad -como los que ya teníamos- en ristre? Imaginen, imaginen.

Imaginen todo lo que podríamos alcanzar y conseguir. Prosigan conmigo en un ejercicio de imaginación singular en el que soñemos que no tenemos techo. En el que recordemos que áun somos CAMPEONES. En el que no paramos de mejorar. En el que la gallardía con la que afrontamos las derrotas y la levedad sensible con la que debemos remar siempre más que la mayoría, da fruto. Y de su fruto nos erige en el club con más nobleza y color de cuantos hollaron la tierra.

¿Se imaginan que tuviéramos 4 centrales de garantías? ¿Y que el VAR nos pitara de igual forma que a los rivales, con justicia y sin demérito? Y si el videoarbitraje viera los penaltis y tropelías que nos hacen y no sólo los que cometemos? ¿Se imaginan, por cierto, tener un entrenador que les diga a los defensas que dejen de saltar con los brazos extendidos? Glorioso ¿Y un míster que cada dos años no venga a cursar un máster con descuento a orillas del Turia y a los pies de Mestalla?

¿Se imaginan ganar por goleada a los equipos más modestos, sin sufrir, con una plantilla que vaya a su cien por cien -al menos sus años dorados de profesión- todos y cada uno de los días de partido? ¿Alcanzan a imaginar que no tengamos que soportar a ciertos elementos -deportivos y extradeportivos- que no saben dar la talla?

¿Consiguen soñar con tener un presidente que no dé la más absoluta de las aberrantes vergüenzas y un club en el que se castigue a aquel que diga que aquí no eres indispensable ni ganando la ‘Champions’? ¿Se imaginan tener a un «comandante» en su puesto durante más de dos años, que sienta el hierro y nos defienda de pillajes y vendedores de pitos venidos de Inglaterra o las Indias? Por no hablar de los abusos arbitrales e institucionales.

¿Se imaginan un campo nuevo a la altura (a ser posible donde está el actual, aunque sea soñar mucho) de este club? ¿Se imaginan también que el VAR no diese arcadas, ni estuviese teledirigido por los corruptos bipartidistas y arbitros sin suficientes arrestos de siempre? ¿Se imaginan a una directiva que avise con que va a denunciar por el cambio de ilegal de formato de un título y luego LO HAGA? ¿Y una prensa que no silencie los temas que no le da de comer?

¿Son capaces de dibujar en sus mentes a un máximo accionista que se digne a ver a su equipo, que pase por Valencia más de una vez cada varios meses y no sea un trilero de las avutardas portuguesas?

¿Se imaginan una ciudad sin malos profesionales del periodismo? ¿Y el país entero? ¿Se imaginan que nuestros dirigentes se negaran a vender a nuestras estrellas de no ingresar la claúsula en lugar de acudir a las puertas de los DE SIEMPRE, como testigos de Jehová pertrechados de Cortefiel en rebajas?

¿Se imaginan a Marcelino llorando por la consecución de más títulos, a Paulista friéndole a segadas y a Jaume Doménech teniendo 17 hijos para celebrarlo? (Desde el banquillo, por favor).

¿Y a cada jugador siempre en su sitio? ¿Y que tuviéramos dinero suficiente para un lateral derecho de máximo nivel y uno de banda izquierda que supiera defender sin marrullerías baratas? ¿Se imaginan que cada euro ingresado fuera para fichar mejor?

¿Se imaginan, una vez más, un campo con griterio y temperatura sana? ¿Un entrenador que no hubiera hecho el ridículo en Los Cármenes con una alineación y rotaciones absurdas, ante un equipo de primera y a apenas 3 partidos de poder revalidar el título? ¿Y a diestros en el extremo diestro y a zurdos en el extremo zurdo?

Si se les hace la boca agua, aguanten. Amarren conmigo y capeen el temporal. Acabamos en un santiamén. Imaginen, pinten, dibujen o esbozen un escenario, a partido único en Mestalla contra una Real Sociedad, Atletic Club de Bilbao o Club Deportivo Mirandés? Y con ese único partido como obstáculo único antes de otra final. ¿Cachondos? Yo mucho.

Imaginen que no han de imaginar nada, ni aguantarme, ni leerme. Imaginen que todo es verdad y que la grandeza de nuestro escudo no ha de pugnar por asomarse a ráfagas de celestial brillo. Imaginen que los vendepitos nunca han estado, ni estarán.

Imaginen añadir a los que nos aman y ya no están y a los despedidos que eran válidos. Imaginen una copa (y una súpercopa) de güisqui con hielo. Imaginen las tracas, los castillos, las paellas. Imaginen los maratones en celo. Imaginen el desvelo de la noche de antes y la erección de la noche de después.

Imaginense desnudos al anochecer en la fuente de cierta plaza. Empapados en sueños que no tienen techo. Imaginen pitar, gritar o despotricar con afanosa simpatía de los demás equipos en éxtasis de alegría. Imaginen saberse campeones de nuevo. Imaginen las ligas. Imaginen la Avenida de Aragón, y a la Fallera Mayor. Imaginen ese mayo, junio o julio. Imaginen el gol, el pase, el despeje, el centro, el caño o el baile. Sueñen por favor.

Imaginen arrastrar sus hermosos traseros por los pasos de zebra, remando y cantando como desgañitados dichosos. Imaginen subirse a los semáforos a esperar al naranja, por el hecho de serlo. Imaginen que este vuelve a teñir Europa, ya puestos. Imaginen cerveza (en mi caso) y café licor, imaginen mistelas, imaginen cazallas que vuelan, imaginen París y Milán -pero al revés-; imaginen Sevilla, imaginen Gotemburgo y las que vendrán. Imaginen las que no se escaparán.

Imaginen levantar la Copa de Europa a lomos de Don Rubén Baraja, liderando desde el banquillo. Imagínense todo o nada. Sueñen. Pero también imaginen a un vendepitos con olor a badulaque, echarlo a la semana siguiente por no aceptar la venta de nuestro capitán. ¿Se lo imaginan?

¿Se imaginan que todo sale mal y descendemos? ¿Se imaginan a «Pedro Llimoná» malvendiendo por dos pesetas una plaza en ruinas, antaño fértil y repleta de potencial? Imaginen o no. Maldigan o bendigan. Pero luchen y liberen a la empresa y al sentimiento. Porque lo uno sin lo otro no existe. Porque quién no comprenda cómo funciona esto y cómo somos, no merece las mieles de nuestros sueños.

Gracias por imaginar conmigo.

¿Se imaginan…?