El ‘show’ de Pedro, Mangalades y Celangalas

Por una nueva y garrafal andadura laboral, en la que por fín he podido saborear las mieles del periodismo y la redacción de la realidad, he estado sin rubricar mi firma sobre el lienzo digital más personal durante 3 meses. Les pido disculpas a los pocos insensatos que me leen cada vez que (les) lanzo algo.

«Saber no sé mucho, pero dirigir tampoco dirijo»

Por desgracia, absolutamente todo lo que había hace esos meses, ha sido volado por los aires -con preaviso en forma de ninguneo- bañado de total analfabetismo futbolístico (y si me apuran, empresarial).

Resulta pues quasi pornográfico aceptar que un señor como Pedro Lim (o Pedro Llimoná, como dice mi santo padre) albergue una de las fortunas más grandes de Singapur y China -y por ende, el planeta entero- viendo la escandola y recalcitrante forma que tiene de domar un Club de Fútbol. Y lo pongo en mayúsculas por que se trata de El Club de Fútbol, para mí y para otros muchos. Permítanme, pues acabo de llegar (sinvergüenzas) que blasfeme un rato con las letras.

«Escucha, tú. Listillo. Un club de fútbol es una empresa muy difícil de gestionar» me espetarán algunos de huevo en foto, o foto en huevo, -que sé yo- de «tuita» y zarandajas varias. Pues claro, testículos. Por eso mismo es tan necesario gestionar bien, y existen tantas intangibles que es tan calamítico, calamidante o horroros de tres pares de narices, FALLAR EN ABSOLUTAMENTE TODO. Resulta tan llamativo y vergonzante a partes desiguales que sólo queda sospechar de las intenciones. Lógica y matemática pura.

Y es que resulta apremiante deleitarse en como se derrumba todo cada vez que el vendedor de humo de ojos rasgados mete la zarpa (o zalpa por si nos leen sus lacayos, no vayan a sentirse fuera de lugar o me acusen de algún tipo de fobia desteñida). Da igual qué profesional acierte y en qué faceta. El señor Pedro Llimoná vuelve de su letargo ataudil draculiano, aún con restos del formol más torpe y revenido que se les ocurra, y de un estornudo lo deshace todo en su infinita sabiduría.

Foto exclusiva de Kiat Lim, presidente que nos llevará a ganar la Champions League
Fuente: eldesmarque.com

Permítanme no extenderme más (por hoy) sobre el señor P(edro)LL(imoná). o P(e)L(e)L(e). «PLL» en adelante para los enemigos. Pues no encontrarán palabra, verso, prosa, ingenio, subterfugio o soliloquio que pueda hacer justicia a semejante desfachatez de empresario de la vida. Tan sólo queda lamentarse de aquella vivísima verdad de «unos tanto y otros tan poco«. Pues todos sabemos que cualquiera, hasta el que les escribe mismo, a caballo y vestido con una única hoja de parra, haría mucho mejor de PLL, que PLL. Seguro, al menos, que no hubiera desmantelado el mejor equipo que hemos tenido en casi todo el siglo, con inercias, mecanismos y esfuerzos superiores a Barcelona y Madrid, además de flamante portador deun amor propio digno de los anales de la Historia del deporte. Seguro.

Mangalades y Celangalas

De los creadores del Madrid de «Zidanes y Pabones» llegó -sin que nadie lo pidiera ni anunciara- el Valencia de Mangalades y Celangalas. Un nuevo ‘hit‘ y parada para todos los enemigos del valencianismo. Que, por cierto, llevan recibiendo cómodas ventajas demasiados años, aunque comenzaban a tener sudores fríos el pasado curso. Ambos elementos (los Mangalades y Celangalas), de culpabilidad igualmente capital aunque desigual en proactividad.

Celadangala en cautividad liberado hace escasos días de su cautiverio

No sientan pena por las ratas. Las ratas se van por agujeros, tal como vinieron. El futuro le niega la espalda a estos seres. El cariño es el premio esquivo al que nunca podrán aspirar. Celangalas (parece una canción de «Las Ketchup») se ha ido -con su carita de bueno, o de «Dewey» el de ‘Malcolm in The Middle‘- a tomar viento por el agujero por el que llegó. Cazando y robando la ganga de un proyecto campeón, haciéndole la cama a un compañero, -viajando en su tren mientras él ni lo sabía-, como la amante perversa de un millonario con cama de agua y forma de corazón (o de cipote chino).

Celangala se fue. Como una baratija puñalera e inoperante, que ha destruído un proyecto y ha enturbiado un vestuario de hermanos. Que lo único justo que debería haber recibido es un cabezazo del «Uru» Maximiliano Gómez (e HIdalgo de mis sueños). Que ha quitado de la titularidad y la regularidad a individuos meritorios por su idea (la gestión con Gameiro ha sido de lo más deleznable y silencioso que he visto jamás) y ha tenido la desfachatez e ignominia de tocar el timón de un navío para el que jamás mereció ni las vistas. Su traidoría, malversación y agravio pasará a los anales de la historia. Mal futuro le veo, y el resto de compañeros de la profesión así espero le consideren. Hay que SABER DECIR NO a lo que uno no alcanza, Celangala.

Foto exclusiva de Celangala tras saber su despido

Así que, por lo que más quieran, no sufran por él. Por quien sentó a Kevin Gameiro (anda que no se nota el francés cuando juega), el que hundió a Garay (y le vendió a su amo Anil Murthy sin apoyarle), el que aceptó que no le trajeran otro central en invierno, el que endiosó a Ferrandito Ferrán Torres (que desde que debutó no ha hecho más que pedir dinero y titularidad con tan sólo dos o tres pelos en los escrotos, repito y con la fortuna de ser el último tropezón en un vestuario de campeones, añado) y que perpretó este atentado deportivo de mil y una maneras más desde las «teneblosas somblas» del verano pasado. Un auténtico Cainita que «regresa al bárbaro abismo del que pro-cede». Y Elrond nunca se equivoca.

Mangalades, por contra, es un sujeto pasivo, bañado en la autocompasión y en la caridad. Un señor más tieso que la pata de una cama (o mi menda abrazándola los sábados al salir del ‘after’) que viene a un club histórico a cobrar su tope salarial sin ser capaz de jugar bien ni a las bolas chinas. Y que nos dejó de lado pudiendo quedarse y ser titular por cobrar más dinero. Y sí, he dicho bolas chinas. Pero no se sonroja; nada le falta ni le parece inmerecido. ¿Para qué va a sonrojarse si no se le notaría? Pues pasando.

No me extenderé más tampoco en el caso Eliaquim, más allá de recordar, que si admiras, quieres y respetas a un club, obra o ser, no lo denigras ni le chupas la sangre. Es uno de los grandes males del mundo actual: las deshonras están a la orden del día. En plan: «no respeto a X-MEN pero dirijo sus películas o actúo como uno de sus protagonistas», «no respeto al Valencia ni a mi profesión pero me voy a cobrar allí casi 3 kilos, siendo un exjugador» (o nuevo miembro del divorciados Fútbol Club más bien). O «no sé de Historia pero hablo de ella y la manipulo…» y así miles al día. En todo. Por todas partes.

Foto de archivo de la presentación de Celades como nuevo entrenador del Valencia

Anotaciones sobre Ferrán y los méritos por la ‘<dabol em>’

Ferrán llegó, perdió y pidió. Debutó como lo que es: un extremo irregular que, de momento, sólo irrumpe y «rompe» partidos ya rotos de por sí. Consentido, pintoresco en la peor de sus acepciones y muy endiosado e influenciado por agentes y seguidores desesperados por adquirir héroes de su agrado. De los creadores del «Fede (Cartabia) quédate», llegó el «Ferrán tendría que estar ya renovado y cobrando el tope salarial». Ahí es nada. Pero recuerden que el señorito Ferrán, casi se va tras jugar 8 miserables ratos porque se plantó en un estudio de radio y dijo que «quería sentirse valorado». Cobrando casi el kilo anual y con 17 años. Recuérdenlo.

Últimamente observo estupefacientemente estupefacto como algunos lumbreras, -genios irredentos de nuestro tiempo-, aseveran sin despeinarse el tupé que Peter Lim no es tan malo porque acertó al traer a Don Mateu Alemany y a Don Marcelino García. No, miren. Quien hunde y destroza cosas y acude a un asesor externo a ser, ejem, pues eso; asesorado, no ha alcanzado ninguna proeza ni tiene ningún mérito. ¿Hace falta explicar más? Además, ni él escogió a Alemany. Fue Tebas, apoderado y voz escogida por sus influencias en el club a través de terceros, (pero eso da para otro capítulo aparte) quien lo recomendó encarecidamente.

Mangalades, mirando al ‘tendío’ como los toreros

Yo, para rematar, he de confesar que he trazado un plan de cáliz singapurense: celoso perdido de los méritos atribuidos al señor PLL, voy a dedicarme ahora a destrozar locales y a empujar a viejecitas hacia charcos de barro. Acto seguido, cuando la policia me «sugiera» acudir a los especialistas de la cárcel -o la institución mental adecuada- espero que todos seáis un clamor en favor -y fervor- de mis enormes méritos y me recibáis con atroz vehemencia y confeti variado. Acepto donativos. Sed consecuentes.

«No os diré no lloréis, pues no todas las lágrimas son amargas»

¡AMUNT! Volveremos, porque aún somos -y seremos- campeones.

La Vilipendiada (las copas ya no son lo que eran)

Corrían los tiempos predigitales. Allá por el año dos mil uno o dos mil dos. Un verano impertérrito, estigmado en su ondulante calor (de esos de 40 grados a la sombra que hoy en día son locuras poscambio climático y demás zarandajas).

Supercopa

Un chiquillo de barrio, un «ninot»; el típico quinceañero buscavidas que comenzaba a sentir las cosas como el borrador tónico que serán en el tul de la adultez. Un suspiro ignorante de su brevedad. Una ínfula que cree será eterna.

Cada sabor era único, cada esquina la falda de la siguiente ficha de dominó. Cada centímetro cuadrado de alma afincaba las venas de la apremiante ciudad. Todo era inabarcable. Las canciones se grababan como mandamientos de un nuevo evangelio pertrechado a la medida. Cada juerga la última juerga, cada minuto perdido llenaba el saco roto del infinito más corto que la edad pudo traerme a toro pasado.

Las canciones se grababan como mandamientos de un nuevo evangelio pertrechado a la medida, cada juerga era la última juerga

Estopa acariciaba las hormonas, El Canto del Loco al primer amor. Rosendo los garitos, Sabina las alcobas vacías de sábanas frías. Los focos, como promesas de cabellos de ángel, se prestaban a melaza buscona de este poeta de baratillo. Un garaje era un mundo al alza, un tobillo un secreto a voces.

Y probamos el barrio, y probamos locales. Y probamos el miedo, el tedio, la risa. La prisa y el sumun. A quitarnos la camisa. La adrenalina y el credo de los novicios hurgando en la herida. Probamos casi de todo. Y entre gorgoteos y gorgoritos, un colega dijo de un bar en el que la edad no era impedimento para servirnos las primeras cervezas. Así sendas rubias adornaron las gargantas de dos mancebos, que con lo puesto, jamás quisieron nada más por unos cuantos veranos.

El éxtasis sedujo -arduo en su tarea y fijo en su carnaza- en su precisa y justa medida al presente que les escribe. Los tímidos retos se rindieron a la avaricia y pocas estaciones más tarde, apresuraron en caer las primeras copas.

Perdonen esta severa introducción y permítanme finiquitarla reseñando la tierna sencillez de las citadas -y protagonistas de esta farándula- copas de antaño: su licor más soportable y la escueta mezcla más efectiva. Los más aviesos no alcanzábamos ni a esas cotas; ‘whisky’ o güisqui bastaba. Y tanto que bastaba. Doble y con tres hielos, en vaso propicio y propiciatorio.

Los más aviesos no alcanzábamos ni a esas cotas; ‘whisky’ o güisqui bastaba. Y tanto que bastaba. Doble y con tres hielos, en vaso propicio y propiciatorio.

Hoy en día las «copas» son distintas. Han cambiado. Pues resulta que ninguna esfera escapa del cambio. Más aún si las pérfidas manos de la insensatez se esconden a modo de cordero en las postrimerías. Más aún en la bipolaridad del duopolio de los de siempre, los de los «bichos» y las «pulgas». Los del burgués y los del francés en ristre, como balas de fogueo.

Más aún en las voces de los voceros que apuñalan la honorabilidad del güisqui sin soda, maridado con hielo. El balompié -tan propicio en su perniciosidad- tampoco ha escapado a la luz de las verdaderas copas. Ha permanecido a la sombra. En el tedio de los millones. En el pantano de la melancolía. Auspiciado por los parasoles de los que quieren venderles la copa más adornada y ficticia; espúrea.

Las copas, como decía, han cambiado. Llevan todo tipo de aderezos pseudoalimenticios y psicosomáticos; de los que no notarán pero les costarán muy caro. Véanse tales como: pepino, cardamomo, canela, enebro, pétalos y hojas de diversa foresta, vainas naturales y «vainas» de ejecutivos trincadores; alpiste, arándanos, pieles cítricas, sinvergüenzas de federaciones, romero y mucho hielo. Para que no quepa nada de lo que un día fue pero les cueste más y más caro. Por el son repetido de los que quieren eternizarse.

Las copas, como decía, han cambiado. Llevan todo tipo de aderezos pseudoalimenticios y psicosomáticos; de los que no notarán pero les costarán muy caro

La copa de la que les voy a hablar lleva «vainas» de «trincadores» a mansalva. Hieráticos calvos del Monopoly que vinieron del anonimato futbolístico más gris para dejar las arcas secas, las competiciones pervertidas y la piel de clubes históricos, –broncos y coperos– para adorno de las más vergonzantes pajitas de las que mamar hasta la tapa del tarro.

De lo que jamás verán en estas «copas» es de espolvoreada meritocracia: justa, imparcial y objetiva. Jamás catarán de estas bautizadas como «supercopas» (antaño guindas de la más deliciosa estirpe, con sabor a élite europea y engalanadas de nácar y plata para la excelencia deportiva de la pretemporada) el denostado derecho deportivo. El agradecimiento, el sentido o la rectitud que solía perseguir el deporte profesional. No queda nada.

No queda nada

Tan solo un puñado de ladrones cortados en rodajas, clubes sin vergüenza que disputan premios que no merecen (como el aguililla solitario de las más andrajosas ‘discoteques’) trajeados de mercado que se burlan en bastidores ‘V.I.P’ e invitan a la primera doncella que pase y anacardos (borriqueros) empachados de la necesidad de tragar. Otro puñado de portadas victoriosas, rostros selenitas opacados por el brillo del vaso de cristal, fina seda; sudario del fin del fútbol y semipiternos ladrones de corbata blanca.

Pero nunca verán sentir, ni padecer, ni vencedores ni vencidos, ni blanco ni negro, ni azul ni grana, ni dorado ni bronce. Ni el cobre de los batidos en duelo, ni la manga del caído; ni honradez, ni verdad, ni fútbol.

Será que los licores nobles ya no se estilan, será que la verdad se diluye entre témpanos de hielo, entre hebras verdes de finas serpientes. Será que el circo se postula entre dos camisetas, y varias carteras; renegados de la esencia para lo que esto surgió. Nunca verán asistencias, ni a murciélagos, ni la deuda saldada del años dos mil diecinueve. Nunca verán nada de esto, porque ni estaban los que tenían que estar ni estaban los que debían estar. Nunca verán, jamás, jugar la Supercopa de España. No de las de verdad. Ni las perdidas ni la Vilipendiada. Ni la del dos mil diecinueve ni las siguientes. Nunca volverán a ver una copa, ni una Supercopa.

Pero lo que nunca verán, pero nunca, nunca, nunca jamás… será campeones en ellas.

Güisqui con hielo

Un trago por las copas de verdad. Las escuetas. Las celebérrimas, las perdidas, las nostálgicas y las vilipendiadas. Otro trago por el anterior. Celebren.

Dejenme decirles algo a los descreídos ajenos a los dos verdaderos supercampeones: cada vez que auspicien esta farsante fatalidad, estarán elevando a los altares a aquellos que les dirán qué, dónde y cuándo deben beber de la «Copa». Después solo Dios dirá lo próximo que les manden. No lo hagan. Su güisqui con hielo no lo haría. Piénsenlo dos veces.

La primera muesca del revolver: Real Pucela C.F. – Valencia C.F.

Estadio José Zorrilla. 21 de diciembre de 2019.

El Valencia C.F. vuelve a practicar la ruleta rusa más siniestra típica de Unai Emery y se deja 2 puntos vitales en el que era hasta entonces uno de los campos con peor racha de la Primera División española.

Más de 10 remates de los locales, un gol y varias ocasiones. Todo ello venido de un equipo que llevaba 5 partidos sin marcar y remataba escasísimas veces. Poco gol. Poco argumento ofensivo.

Fuente: valenciacf.com. Foto de Lázaro De La Peña

Un muy buen partido en defensa les bastó a las de Pucela para solventar un partido que tuvo casi ganado hasta el descuento. Los Chés, diciendo -cada vez con más fiereza- adiós a su brutal faceta defensiva del pasado año y presa bajo enormes caprichos de entrenador (plasmados en el calamitoso 1-4-3-3 testimonial que se empecina en intentar en escurridas fases de los partido por más que lo disimule- van enviando avisos cada vez más cadavéricos a los aficionados del equipo CAMPEÓN de España.

El muro defensivo del Turia, anémico y endeble, vive entregado a los arreones de calidad, golpes de suerte propios y en exceso de los errores endémicos de los rivales. La desorientación hace acto de presencia a la mínima chispa y cualquier golpe -por vaporoso que sea- genera una confusión caótica en las posiciones, transiciones y canalizaciones, que dejan noqueado al equipo. Esta escuadra, capaz de arrollar y atropellar al rival, es capaz de arrugarse y entregarse cuando se siente confuso hasta que el rival se vuele la cabeza con el revolver en sus manos.

El muro defensivo del Turia, anémico y endeble, vive entregado a los arreones de calidad, golpes de suerte propios y en exceso de los errores endémicos del rival

Marcelino, conocedor mejor que nadie del desatado poder de estos jugadores, mimbó a sabiendas su desbocadura y alegría ofensiva hasta casi dejarla en sequía en sus primeros compases de la pasada temporada. Etapas que hay que pasar para llegar a los mecanismos duraderos. Eso sí, con un único fin: generar la faceta defensiva más fresca y potente de Europa. Matiz ladino de míster. No tengan duda.

Este «ajuste» y reeducación futbolística para/con genios tan alegres en ataque y con tanta capacidad pulmonar, generó un equipo que contragolpeaba -con sacrificio- como un vendaval. Al nivel del mejor. Por supuesto esto requiere una preparación física intensa, muy acentuada en el cuerpo técnico del asturiano harto famoso por ello. Huella de genio y profesionalidad en mi humilde pensar, que le vamos a hacer.

Fuente: valenciacf.com. Foto de Lázaro De La Peña

Con la llegada de Celades ha llegado el funcionariado a la caseta a pie de campo, a la tribuna. La timidez de soslayo, el come y calla y los tópicos típicos han hecho acampada en ruedas de prensa. Se han instaurado los bienquedismos y las respuestas que no responden a casi nada y la ristra de cumplidos de quién se sabe hijo del amo. Esto no tiene porque ser precisamente malo, pero te hace dependiente de una idea apenas sutil, efímera. Y que dependerá para su consecución en demasiada medida de la suerte y la genialidad; a eso se entrega con recelo Celades mientras inyecta con precisión medida, gabardina oscura y periódico con agujeros a la altura de los ojos su impostada idea futbolística.

El verdadero tema debería tratarse en referencia al «jeque» de Suingapur, al chino de falla, al Johnny Melenas -el terror de las nenas- de los comglomerados asiáticos. Don Peter Lim (o Pedro Llimoná) como le dice mi padre. Debe cercarse en la casi presuntuosa obviedad de si es acertado que a un equipo contragolpeador le traigas a un entrenador de ‘toque’ excéntrico o de la funesta sublimación -coñazo- futbolística que trajo el maremagnum Guardiola. Un horror.

El partido fue tan, pero tan y tan horroroso y aburrido que la única forma de soportarlo fue con una buena ristra de patatas bravas y un par de cervezas de más tamaño del que quisiera reconocer. Los murciélagos salieron a verlas venir. A contemporizar.

Resulta que ante alguien más hambriento que tú, contemporizar -o vulgarmente hablando- economizar esfuerzos, nunca resultó buena idea. En Pucela hay hambre de fútbol, aún con toda la modestia del mundo -y una acuciante falta de recursos que un servidor espera que subsanen rápido, al tratarse de un equipo que quiero siempre en Primera- y con ese hambre arrasó con un Valencia bañado en indolencia; y a contrario de lo que piensa la gente, más visto esta temporada de lo que los resultadistas reconocerán.

Resulta que ante alguien más hambriento que tú economizar esfuerzos nunca resultó buena idea. En Pucela hay hambre de fútbol

Entre pueriles ataques blanquinegros y la timidez de los pucelanos, reencontrándose con su mejor fútbol gracias a los pasillos enrosados cedidos por los visitantes, discurrió casi todo el partido. Y en esas Jaume quiso parar mal una falta para la foto, en lugar de tensar y estirar el brazo; ya mal colocado de entrada tan escorado a la parte sin barrera. Gol local y pocos minutos por delante. Duro varapalo en el fresco vallisoletano.

Fuente: valenciacf.com. Foto de Lázaro De La Peña

Entonces comenzaron a mirarse los nuestros, los grandes, los CAMPEONES. Y Don Daniel Parejo espetó un ¡qué cojones pasa aquí! y Rodrigo Moreno comenzó a morderse los labios con ese gracejo del vendedor de la canción del Cola-Cao, Paulista puso cara Jolly Jumper (el caballo de Lucky Luke) y Manu Vallejo -recién entrado- espoléo con su pechopalomismo y entusiasmo a los grises Ferrán y demás. El ambiente cambió, el aire se condensó con unb frío glacial demasiado frío hasta para los locales y en una de esas, nuestro capitán gestó un parto rápido abriendo a la banda como él sabe para que el nuevo «niño» Torres pusiera un pase raso; botandito en el pasto -como la gustaba a Di Stefano: (¡al pasto! ¡al pasto!)- que Vallejo reventó a la red bajo palos. Camiseta enmarcada para este prometedor jugador y expediente cumplido.

Un valencianista no puede evitar tener rabia al ver que un equipo de estas posibilidades se relaja en demasía y le pedirá a los exclusivos Reyes Magos de Mestalla que nos traigan más impetu, algún fichaje, una cura para las lesiones y una nuevas orejas para Guedes: afiladas, aerodinámicas y que le hagan volver a volar de nuevo como solo él sabe, así escuchará como nunca las vibraciones de sus incursiones por la banda. Con Cheryshev más minutos y el luso por el flanco izquierdo -repito: IZQUIERDO- otro gallo habría cantado en algunas situaciones.

El Valencia C.F. debe seguir trabajando y en la humilde opinión del que suscribe dejar de encomiarse a los ataques de entrenador y una idea que jamás ha hecho campeón a esta escuadra, más bien la ha hundido siempre. Es una cuestión de gladiadores: tan solo con la banagloria mediática, la proteccíon técnica y la hinchazón arbitral se puede ganar sin defender. Con eso y con muchos millones para estrellas adoradas por ese festival de cámaras prosaicas y casi casi anacrónicas ya. Nosotros somos de otra pasta, somos guerreros, somos espadas, somos escudos. Y CAMPEONES ¿lo habían olvidado?

El Valencia C.F. debe seguir trabajando y dejar de encomiarse a los ataques de entrenador y una idea que jamás ha hecho campeón a esta escuadra

Fuente: valenciacf.com. Foto de Lázaro De La Peña

Si es menester rebajar el nivel abasallador del perfil a cambio de que la base y ley inamovible sea la de no recibir golpes, simplemente trabajando mejor el sistema defensivo, las bandas y rebajando la línea de partida del bloque, todos obtendremos pingües beneficios: esta magnífica plantilla más gloria aún, títulos, -no resucitar a rivales que no podían apenas marcar mediante- y ganar a cualquiera sin depender de sus fallos o ruletas rusas con acento siniestro entre el vascuenze, el francés de ‘Le Snack President’ y sus «senas de pigcoteo» y el inglés de CCC.

Nosotros ganaremos más disfrute y ahorrarnos las tortas a mano girada en la cepa de la oreja que la Diosa Fortuna nos arrea, hartísima de que tratemos de conquistarla con coqueteos suicidas y de intercambiar con nosotros jocosos pellizcos allá donde la espalda pierde su honrado nombre. Mejor salud cardiovascular y mejores partidos de fútbol, por supuesto. Celades, cómo no, un fabuloso máster de élite de dos o más años y seguramente -al rebufo de estos CAMPEONES- algún título más. Otros ganarán dinero mientras se atusan el bigote de villano, pero eso es otro tema. El revolver ha avanzado una muesca y seguimos teniendo vida. Esperemos dejar el juego siendo ganadores.

Posdata: ¡Felices fiestas!
Posdata bis (a A.T.): gracias por tus palabras de esta mañana amigo.

1 – 1

Alineaciones y goles:

Real Valladolid: Masip, Antoñito, Kiko Olivas, Salisu, Javi Moyano, Joaquín, San Emeterio, Hervías (Óscar Plano, 70′), Toni Villa (A. Tuhami, 78′), Sandro (Sergi Guardiola, 68′) y Ünal.

Valencia CF: Doménech, Wass, Garay, G. Paulista, Gayà, Parejo, Coquelin, Ferran, Carlos Soler (Esquerdo, 85′), Rubén Sobrino (Cheryshev, 59′) y Rodrigo M. (Manu Vallejo, 67′).

Goles:
1-0, min’ 82: Sergi Guardiola..
2-0, min’ 94: Manu Vallejo.

A propósito del Valencia C.F. – Real Madrid C.F.

Estadio de Mestalla. 15 de diciembre de 2019.

Gloriosa batalla en el templo valencianista, pero les dejamos vivos. Se aunaron factores concretos no casuales que deben ser arreglados. La excesiva bondad dejó aliento a un Madrid ramplón pero con sus zarpazos de orgullo de siempre. Fruto semipiterno de la letal mezcla de ayudas arbitrales disimuladas constantes, calidad individual y miedo escénico del rival, en este caso blanquinegro. Empate trepidante pero absolutamente insuficiente para los enormes méritos locales.

Fuente: Valenciacf.com Foto de Lázaro de la Peña.

Como no he podido hacer la crónica pospartido por motivos personales, voy a dejar constancia aquí de unas impresiones propias. La ocasión lo merece.

Dejamos vivo al rival. Siempre. El Madrid presionó con posesiones largas pero estériles la primera media hora (tirando por lo alto). Los valencianistas comenzaron a espolsarse el dominio con tímidos acercamientos de Rodrigo y exquisitos balones del capitán Don Daniel Parejo, que generaban en dos toques un 2 para 2 o 3 con la suma facilidad habitual.

Celades tiene que rendirse. Tiene que entender de una vez que este equipo, creado por y para Marcelino (sábiamente) debe quedarse instaurado en el 1-4-4-2 y variantes que no desdibujen el esquema. Atrás debe quedar el caprichoso 1-4-3-3 de la posmodernidad. Desde este sistema, podrá trabajar. Para otro post entero dejo el tema de sus ruletas rusas y nefasta capacidad de planificación defensiva. Aspectos que demuestran que aún está muy verde. Jugamos a veces a ganar a los golpes y eso no funciona siempre ni contra equipos que estén al cien por cien.

Nos adelantamos como solo nosotros sabemos hacer y comenzó el aluvión. Murciélagos nacidos de la simiente del mejor entrenador que hemos tenido en muchísimos años y un gran profesional. Gladiadores con unos automatismos y agallas dignas de ser CAMPEONES de España y de Europa. Pero no rematamos y hemos perdido uno de nuestros baluartes: la plenitud defensiva. Ya no somos rocas inamovibles. Como en aquella final de copa en la que el Barcelona no hubiera marcado ni aunque el duelo hubiera durado toda la noche. Y lo sabemos.

CAMPEONES

Fuente: Valenciacf.com Foto de Lázaro de la Peña.

Enderezar el rumbo directivo, fichar un lateral derecho que sepa defender (y nos permita disfrutar del mejor Wass posible en su posición real) y reavivar un Mestalla que es un absoluto desierto con respecto a su grade de animación nueva. En este partido comenzó a cantar la parte contraria de la grada y fue aplaudida por el resto del campo. La grada de animación debe funcionar los 90 minutos desde ya o pagar lo mismo que todos pagamos. Estamos ante un caso gravísimo de gestión deportiva y de agravio comparativo entre clientes y accionistas de un servicio.

Volviendo al encuentro, muchísimas son las cualidades que demostró el equipo, y la madurez con la que demuestra sobreponerse a todo debe hacernos soñar (que no tenemos techo, cojones). Este equipo se recupera de todo. Tienen adn campeón, y esto ni abunda ni se puede comprar. Lo añoraremos si no lo aprovechamos.

Muchos más aciertos que errores, más jugadores metidos que fuera, pero el desacierto, cierta candidez y el árbitro, fueron los detonantes del futuro empate. Y no es ningún lloriqueo. Miren, resulta increíblemente molesto y difícil desarrollar un plan o juego cuando absiolutamente todas y cada una de las decisiones se pitan en contra, deliberada y flagrantemente, pase lo que pase. Carvajal, por poner el más claro ejemplo, realizó como 5 entradas merecedoras de tarjeta amarilla como mínimo. Pues no vio ninguna, varias de él y otros ni se pitaron, volcando el juego y la sinergia poco a poco hacia el lado visitante durante los primeros 25 minutos de juego.

Los verdaderos y auténticos robos se dan de soslayo. Ladinos, tahimados. Falta dudosa… para el Madrid. Amarilla clara, olvídenlo.
¿Faltas continuas? pues pita cuando no queda más remedio para evitar un abucheo de grada brutal y general…

Los verdaderos robos no son los de penalti o sobre fueras de juego. Son auténticos atracos dignos de Curro Jiménez aquellos que generan incomodidad, que vuelcan partidos. Todo lo «pequeño» en contra acaba siendo un mar inmenso y embravecido.

Fíjense en esta situación: medio Valencia desquiciado. Unas 5 o 6 faltas claras seguidas de los visitantes y ninguna pitada. Tobillos hinchados. Ya miras desde la nuca cuando te va a venir la siguiente patada. Llega un contragolpe fruto de un robo venido de ese escozor que te recorre la tibia que el «leñador» te acaba de dejar para enmarcar. Por allí pasaba Carlos Soler que hace una necesaria y primerísima falta no excesivamente problemática y… primera amarilla del partido. Intragable. Equipo desquiciado y el jugador de más trabajo del partido ya amonestado. Eso es un robo sibilino, nocturno y alevoso. Condicionar. Despertemos.

Que nadie les diga que no les han robado porque no les han quitado el dinero, la casa o el coche. Robarles los zapatos, la cartera, las gafas de sol o las enaguas es un delito igual o peor en conjunto. En disimulo y connivencia con el resorte mediático te quedas sin nada, con cara de bobo y encima exigido de dar las gracias.

Que nadie les diga que no les han robado porque no les han quitado el dinero, la casa o el coche. Robarles los zapatos, la cartera o las enaguas es un delito igual o peor en su conjunto

Soler estuvo desacertado pero voluntarioso y constante. Llegó el centrocampista todoterreno de Dinamarca. El expreso rubio. El titán multiposicional y centrador profesional a tiempo completo: Daniel Wass. La puso con ojo experto rasa atrás para la llegada de «El Dandi», que recibió un justo premio a su voluntad. Minuto 78.

Fuente: Valenciacf.com Foto de Lázaro de la Peña.

Entonces un Madrid cada minuto más ramplón comenzó a lanzar balones a la olla y a correr desbocadamente la banda. Y se sentía un «huy huy huy» en la piel de algún jugador. La Diosa Fortuna nos pasó factura tras tocarle dulcemente el culo y así, los defectos largamente disimulados del equipo afloraron en 5 segundos. Balón a la olla, última jugada. Un jugador extra a quien cubrir. Portero belga llamado Thibaut Courtois y más alto que un pinus pinensis. Situación no entrenada, nerviosismo, identidad defensiva perdida, malas transiciones posicionales y… Jaume Doménech.

Los defectos largamente disimulados del equipo afloraron en 5 segundos

Tras el mal despeje del meta (muy) suplente tras rechace del ¡portero visitrante! y la caraja defensiva, la nula capacidad de muchos jugadores para corregir en transición las posiciones para segunda jugada o rechace blando del arquero… Benzema marcó a placer bajo palos al segundo poste. Excesivo premio, ligeramente merecido para tan poco equipo y excesivo castigo -también ligeramente merecido- para estos gladiadores maravillosos y sus comandantes.

Debe ser prioridad de directiva y equipo técnico la pronta recuperación de la banda izquierda, absolutamente perdida sin Cheryshev ni Guedes. Así como su pronta recuperación y explicación pública pertinente. Se debe recuperar la faceta defensiva en base a las cualidades inherentes de estos jugadores: una enorme capacidad de aguante y derroche físico, solidaridad defensiva, automatismos como bloque y sacrificio y un excelso contragolpeo.

Fuente: Valenciacf.com Foto de Lázaro de la Peña.

Jugar a los puntos de boxeo sin protector te resta recorrido y abre vías a los equipos de cientos de millones en fichajes. No debemos jugar a la ruleta rusa de Unai Emery. Me abono al «unocerismo» ilustrado. «Dosaunismo» según el caso o «tresaunismo» en días espléndidos. Pero que no te empaten, ni puede empatarte nadie en el minuto 94 por no saber trabajar aspectos que hace 4 meses dominabas como ninguno.

No puede empatarte nadie en el minuto 94 por no saber trabajar aspectos que hace 4 meses dominabas como ninguno

La clave no está en aplastar a los rivales. Eso es para los magnates. La clave está en sufrirlos, desquiciarlos al vals de Don Parejo (que le pregunten a los Ziyech y cia, por cierto jugadores mediatizados, valorados en cientos y asiduos a los cromitos edición especial de los videojuegos que jamás serán ni la sombra de la obra de arte que es nuestr capitán y CAMPEÓN) y matarlos cuando más les duele (filo navajero de los Gameiro y Rodrigo mediante). Seamos el Valencia de siempre, ganemos de nuevo.


PD: ¡CAMPEONES!

Díganlo más.

A.F.C. Ajax – Valencia C.F.

Ámsterdam Arena. 10 de diciembre de 2019.

De entre las sombras, los remilgos, la burla de ciertos sectores, la incapacidad de análisis de muchos pero sobre todo del esfuerzo, el orgullo, el talento y la unión de equipo emerge un Valencia durísimo, correoso y con la mejor pegada al contragolpe de la Europa futbolística actual.

Noche de madurez. De golpe en la mesa. Del anuncio a Europa acerca del retorno de los CAMPEONES. De aprender a ser más hoscos y sinvergüenzas. Con lo puesto y con muchas bajas. Con circunstancias adversas y con un proyecto tambaleándose por unos dirigentes absolutamente incompetentes. Los frutos sembrados los dos años anteriores florecen pese a las tribulaciones en técnico y sistema. El Valencia C.F. es capaz de cualquier cosa.

Fuente: valenciacf.com. Autor: Lázaro de La Peña.

Ni Cillessen, ni Cheryshev, ni Guedes, ni Garay, ni Maxi Gómez ni Kondogbia. Entre otros. ¿Acaso se creen los malos periodistas de este país que el Valencia no corre más que nadie, no ataca más que nadie y no aguanta más que nadie? ¿Acaso en Holanda se pensaban que los 100 años de historia de los CAMPEONES de copa no pesa en cada gramo de piel y en cada gota de sangre? Los blanquinegros vencen, pasan y convencen pese a todo lo demás.

Han sido días duros. Ante la alegría, van a permitirme hablar de emociones en lugar de cambios, disquisiciones técnicas y sistemas. Creo que no les molestará ¿verdad?

Hemos aguantado burlas de aficionados cegados y periodistas, quienes por una mera cuestión de indiferencia (no ven ni un puñetero partido del Valencia C.F. si no juega con su equipo del alma) y de ignorancia (son absolutamente incapaces de entender y ver el fútbol más allá del peinado, botas, tatuaje o última celebración de turno de su ‘crack’) que presagiaban un desastre. Como siempre, nada más lejos de la realidad.

Fuente: valenciacf.com. Autor: Lázaro de La Peña.

Comenzó el encuentro en Ámsterdam y en el ambiente pululaba un aroma a polvo de hadas. Un sui géneris ladino, un chispazo de reminiscente pólvora a la valenciana, de tacto áspero y reconfortante. La mirada de cada jugador era diferente a la que pudimos ver ante el Levante U.D. en su campo.

Los primeros compases fueron como siempre para el rival. Los de Holanda intentaron dominar desde siempre y como siempre estas dos últimas temporadas. Ten Hag (el míster del Ajax) aún mantenía ese gesto vacilón de rueda de prensa: «El 0-3 (del partido de Mestalla) no fue excesivo». Pues te has tenido que dar cuenta de tu error, míster.

Despreciar a un CAMPEÓN nunca fue buena idea, por mucha escuela de Cruyff que llegues a ser. Es la maldición de los modernos: si no tienes algún balón de oro parece que no sabes donde tienes la mano derecha. El fútbol es mucho más que los mediocres os quieren hacer ver.

El Ajax varió sustancialmente la táctica del partido en Mestalla. Renunciaron a las bandas totalmente y a los disparos desde fuera y se pusieron a pretender entrar por el centro haciendo grande su influencia en el campo. Buscando estirarse, tocando rápido hasta el círculo central y trazando paredes hasta entrar al área ché.

Fuente: valenciacf.com. Autor: Lázaro de La Peña.

Los blanquinegros plantearon una variante táctica fantástica para hacer sentir incómodo al equipo local: la línea defensiva adelantada sin avanzar la de los centrocampistas. Esto causó que los locales se estamparan una y otra vez ante Don Francis Coquelin y Don Daniel Parejo. Llegando osbtaculizados no podían salvar de forma cómoda a la defensa valencianista y perdieron todo su juego interior gracias al gran desgaste físico y al carácter que el equipo impregnó en su juego ¡por fín!.

Las claves eran sujetar los tiros exteriores y extenuar el juego por dentro -arma vital y nuclear de los jugadores de toque del Ajax- y aprovechar la superioridad por alto para hacer estéril su obligado juego dubitativo en caso de darse un centro por banda. Matar a la contra. El crimen perfecto.

Los contras de este método, son varios. Uno es que regalas las bandas para poblar por el centro (suerte que no quisieron aprovecharlas hasta que fue tarde y que no tienen la misma calidad por alto que a ras de césped) y la otra es que los delanteros quedan muy descolgados y deben realizar carreras de muchos metros para coberturas y ayudas. Esto sería un lastre enorme para cualquier equipo que no tuviera a los Gameiro, Rodrigo, Ferrán y Parejo surtiendo balones y cortando juego. Sublime.

Las contras de este método serían un lastre para cualquier equipo que no tuviera a los Gameiro, Rodrigo, Ferrán y Parejo surtiendo balones y cortando juego. Sublime.

Fuente: valenciacf.com. Autor: Lázaro de La Peña.

Tras el tiempo de cortesía hasta adaptarse al escenario, los murciélagos de nuestros corazones se desmelenaron y comenzaron a azotar con saña el noble final donde la espalda pierde su nombre de los locales. Pudieron caer 3 en pocos minutos, pero solo cayó 1. El sufrimiento asomaba la futura pata de la mano del misterio, del seno del capricho e incertidumbre de la Diosa Fortuna. Entre cachondo y acojonado abordaba el descanso con mucha ronería y murmuro «ajacied» pero muy pocas nueces.

La reanudación, por extraño que parezca, no tuvo ni siquiera esos 15 minutos de protagonismo que se debería exigir a un visitante de la calidad y prestigio del VCF. Con el arreón del público y la lesión de Gameiro, el encuentro se tornó en un soliloquio tulipán. Un tobogán de nervios y padecer, pero también una demostración de lo férreo y terco que es este equipo CAMPEÓN.

Entre huracanes, embestidas, nervios y agallas se debatió el resto del partido. La intensidad de ciertos jugadores es absoluta. Algunos están a un nivel increíble, como Gabriel Paulista (que fue expulsado por un amago de cabezazo quizá por las pulsaciones y ganas de ganar sin pretender justificar su nefasta reacción, que por cierto le va a costar 3 partidos casi seguro) Coquelin y como siempre, la nueva lección maestra del capitán: conferencia en alta definición de lo que un jugador de fútbol y leyenda debe hacer: sed testigos. Sus botas encarnan fútbol y millones como pocas veces en la vida se ven. Con y sin balón.

Y salió Mangala y salvo 3 balones delicados en las postrimerías. Y Diakhaby sigue demostrando las condiciones que tiene para este deporte, a veces harto adobadas de premura y nervios. Y Wass solvente -lejos de su puesto real en el centro- pegándose cabalgadas dignas de un carrilero. Y Ferrán supo trabajar en defensa, dando asistencia de gol el día que peor atacó del último mes. Estaría bien, por cierto, poder verle siendo más fundamental en partidos antes de que se rompieran, pero es muy jóven. Tiempo al tiempo.

El partido se ahogó y Ziyech, entre otros, atacado de nervios y verde de envidia, insultaba a Parejo en un ruego poético para que le enseñara a ser centrocampista; y danzar, bailar y mimarla de esa única manera. Y saber caer con la gracilidad de la criatura divina que hizo que Di Stéfano se fuera de la ciudad deportiva del Madrid enfadado al saberlo vendido. Comenzaron las faltas, los insultos y la rabia. Trampas sobrantes aparte, por fín supimos sufrir con oficio.

Fuente: valenciacf.com. Autor: Lázaro de La Peña.

Se acabó el interminable segundo tiempo y el Valencia pasa como primero de grupo. Los holandeses se arrodillaron para lamentar y los nuestros festejaron como locos. Rodrigo, condescendiente y dando un toque de atención que pocos entendieron a mi modo de ver habló de milagro. Eso lo creen los que no nos conocen. Los que no aprenden. Los que no ven.

El Valencia y los valencianistas tenemos algo que pocos tienen en nuestra abundancia. Ese color, esa energía, ese «yo que sé» que nos hace únicos. Que rejuvenece y potencia jugadores que no iban o no se encontraban. Que dota de vida al indolente, que hermana, que ennoblece, que desata. Esa corona que nos hace capaces de ser reyes y diferentes con tanto menos. Ese traca que nos hace celebrar debidamente las alegrías y perdernos en los mares de la inseguridad.

Europa pintada con nuestros colores es mucho más hermosa

El equipo CAMPEÓN de copa se planta en unos octavos de final de Champions League por fin tras 8 temporadas y pega un estirón de madurez que va a dotarle de mucha confianza. Cargándose al equipo revelación de Europa -que pintada con nuestros colores es mucho más hermosa- y al que era hasta ayer el semifinalista vigente de la pasada edición. Asó por tanto, de los mejores 4 equipos del continente. AMUNT CAMPEONES.

0 – 1

Alineaciones y goles:

A.F.C. Ajax: Onana, Mazroui, Veltman, Blind, Tagliafico (De Jong, m. 90), Martínez, Van de Beek, Álvarez (Dest, m. 46), Lang (Huntelaar, m. 70), Tadic y Ziyech.

Valencia C.F.: Jaume Doménech, Wass, Diakhaby, Gabriel Paulista, Gayà, Parejo, Coquelin, Ferran (Mangala, m. 92), Carlos Soler, Gameiro (Manu Vallejo, m. 54) y Rodrigo Moreno.

Goles:
0-1: min 23. Rodrigo Moreno.